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RESEÑA HISTÓRICA DE
CARILÓ |
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La
actitud inicial de quien llega por primera
vez a Cariló es de fascinación reverencial
ante la naturaleza. En realidad, si la naturaleza
hubiese cumplido con sus designios, hoy
Cariló sólo sería un médano de arena gigantesco,
un desierto monótono y árido a las orillas
del mar. Cariló es uno de los ejemplos más
contundentes de lo que puede la iniciativa
del hombre cuando, desde la propuesta visionaria,
intenta modificar la naturaleza sin traicionar
sus reglas, mejorarla, transformarla en
habitable primero y convertirla finalmente
en un paraíso posible y cercano.
Bastó
que un hombre obstinado, lírico a la hora
de las ideas y pragmático a la hora de la
acción, se resolviera a poner en marcha
esta historia. Todos, por entonces, escucharon
por lo menos con desconfianza el plan que
obsesivamente pregonaba de Don Héctor Manuel
Guerrero. Hombre que con tan sólo 28 años
de edad, comienza la fijación y forestación
del médano vivo en la Estancia “Dos Montes”.
Dicha estancia contenía para ese entonces
el potrero “Médanos”, de unas 1.700 hectáreas
(5 km de frente al mar y 3,5 km de fondo).
Un desafío múltiple: contra los temporales
y el viento que sopla sin obstáculos, contra
las hormigas y las liebres, contra la falta
de caminos y transportes adecuados, contra
lo poco que se sabía sobre forestación en
arena, contra el escepticismo que llevó
incluso a defeccionar a sus más inmediatos
colaboradores tras los primeros inconvenientes.
Él
había heredado de su padre Carlos un descampado
inmenso con tres ombúes. Y, en pocos años
lo dotó de un casco, de un parque impensable
diseñado por el célebre Carlos Thays y de
una plantación de más de 200 hectáreas de
frutales. Allí se originó la Cabaña Charles,
famosa entre otras cosas, porque introdujo
los Aberdeen Angus en el país. El caso de
la estancia Dos Montes, era más complejo
aún ya que ni siquiera existían los tres
ombúes. Y las 1.700 hectáreas que lindaban
con el mar eran de arenas en constante movimiento,
expuestas a todas las inclemencias climáticas.
Guerrero
comienza a viajar a todos los desiertos
del mundo, para descubrir e importar semillas
de los pastos aptos para detener el movimiento
de las arenas. También trajo plantas desde
diferentes puntos del país, y a fuerza de
probar, consiguió montar sus primeros viveros
en Charles, a 17 km de distancia del potrero
“Médanos”. Desde donde se transportaban
diariamente los plantines, en carretones
de madera tirados por caballos. Diez carretones,
cada uno tirado por ocho caballos, fueron
preparados para trasladar los retoños al
lugar de la plantación a través de pantanos,
lagunas, cañadones y caminos que se hacían
al andar. Todo esto implicaba 5 horas de
viaje agotador. La tropilla debía ser reemplazada
al llegar por otros caballos capaces de
emprender el regreso.
Ya
en 1935, luego de 18 años de esfuerzo, organización
y continua e importante inversión privada,
la plantación llega al mar. El cambio de
hábitat había comenzado a modificar la ecología
zonal. Los pájaros lugareños comenzaron
a anidar en lo que Guerrero bautizo como
“Cariló” (Médano Verde).
En
el año 1938, los viveros son trasladados
de la estancia “Charles Viejo” a “Dos Montes”
con el fin de acelerar. El mismo Guerrero
dejó testimonio de que en el año 1947 tenia
casi 700 mil plantas listas para ser sembradas.
Es difícil calcular con exactitud cuántas
plantas hay hoy en Cariló, pero no sería
demasiado arriesgado inferir que esa cifra
supera los 3 millones de ejemplares. Fue,
precisamente, hacia mediados de la década
del 40 que Héctor Guerrero dio comienzo
a una nueva historia: la de convertir a
Cariló en uno de los balnearios más bellos
del mundo.
Fue
así como en 1948, inauguró su casa principal
conocida como “Divisadero” o “Casa Grande”
sobre el médano y enfrentando el mar con
el bosque de fondo. Y en 1970, se levantan
los viveros al haberse completado la fijación
y forestación del total de la propiedad
privada. Los hijos del fundador designan
las calles del loteo con nombres de Plantas
(perpendiculares al mar) y Aves existentes
en el lugar (paralelas al mar), en orden
alfabético.
Don
Héctor Manuel Guerrero, en una comunicación
al gobernador de la provincia de Buenos
Aires, anunciaba su propósito y sintetizaba,
con la humildad del pionero, el motor de
su emprendimiento:
“Es
la esperanza de mis últimos años brindar
ese esfuerzo al país, como ejemplo de la
capacidad de la iniciativa privada, dando
a mis hijos y descendientes la posibilidad
de su continuación y, de serles posible,
su mejoramiento, formando en tales lugares
un núcleo de población que perpetuará el
nombre de mis mayores permitiendo el acceso
a todas las posibilidades económicas”. |